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¿Tienes un niño tirano en casa?

Berrinches incontrolables o insultos a los padres son las señales de un menor que quiere tener el control absoluto en su casa y que de no ser atendido por especialistas puede convertirse en un adolescente violento y peligroso

Cuando los papás llaman a la puerta de la doctora Sulema Rojas es porque, la mayoría de las veces, están completamente desesperados. La súplica es “por favor, arréglemelo”. Pero no se refieren a un auto o a un teléfono celular, ni Sulema es experta en mecánica o en electrodomésticos, sino que hablan de sus propios hijos y ella es neurosicóloga con doctorado en Neurocienciencias de la UNAM.

“Muchas veces la actitud de los papás es así, creen que su hijo es como un aparato o un coche y que trae algo en el sistema operativo que no funciona bien”, asegura Rojas.

Los padres que llegan ante ella pidiendo auxilio para que “arregle” a sus hijos es porque ya aceptaron que los niños son en realidad los verdaderos jefes de la familia y quienes mandan en casa.

Ya fueron víctimas de berrinches monumentales de sus hijos en lugares públicos y sintieron a la vez miradas inquisidoras; ya experimentaron patadas, manazos y gritos para desacreditarlos, como “tú cállate”, “eres una tonta”, “te odio”, “estúpida”, “te voy a acusar con el DIF”.

Esos trastornos de conducta son los que más están enviando a los niños a los servicios de salud mental.

“Tristemente es muy frecuente, presentándose de acuerdo a la estadística mundial entre tres y siete de cada 100 niños. Muchos padres antes de venir al consultorio seguían justificando a sus hijos, creyendo que sólo era una etapa, un problema de mala crianza o que nació malo y que nada se podía hacer para cambiarlo. Lo preocupante cuando tardan tanto en pedir ayuda es que sus hijos ya se convirtieron en adolescentes violentos o peligrosos, en ocasiones casi imposibles de manejar”, comenta la doctora Sulema Rojas.

Otro manera en que los padres acostumbran a minimizar ese mal comportamiento de los menores es con frases como: “ah, se le va a quitar” o “lo que pasa es que nació su hermanito”.

Estos niños se denominan pequeños tiranos o con Síndrome del Emperador, término utilizado por Vicente Garrido, criminólogo y sicólogo español para describir la conducta de esos chicos.

“Son niños que acaban ejerciendo de una manera tiránica su voluntad; de hecho, de ahí el término del Síndrome del Emperador, porque los padres acaban cediendo ante todos los deseos de sus hijos”, explica Leonardo de Benito Avendaño, siquiatra infantil y coinvestigador en el Instituto de Neurociencias, Investigación y
Desarrollo Emocional (Incide).

En la antigua Roma, los emperadores podían decidir sobre la vida y la muerte de los gladiadores con sólo levantar o bajar el pulgar, y sabido es que se creían representantes de los dioses en la tierra. Su voluntad tenía que ser respetada, de lo contrario su cólera estaba asegurada, y lo mismo pasa ahora con estos niños que se sienten los reyes de la casa, y si sus padres no se someten a sus deseos también desatan toda su ira.

“Estos comportamientos tiránicos se pueden observar en niños desde muy pequeños. Cuando el niño tiene un lenguaje mucho más articulado, una movilidad más independiente y camina sin ayuda. Entonces, empezamos a ver comportamientos como patear a los padres o verbalizaciones que son para desacreditar la autoridad como el ‘tú cállate’”, alerta la doctora Rojas.

Existen predisposiciones genéticas y biológicas para que un pequeño desarrolle un transtorno de conducta, como el Transtorno Negativista Desafiante (retar a la autoridad, no aceptar las indicaciones de adultos o culpar a otros por sus acciones) o Déficit de Atención e Hiperactividad, el famoso TDAH, (niños que se describen como si tuvieran un motor adentro; que ves subir y bajar; que ven una película en el sillón, pero de cabeza o que no se pueden quedar quietos; hablan en exceso y pierden sus cosas), y en un tono más grave el Transtorno Disocial (conductas delictivas como robar y no mostrar empatía ni arrepentimiento por esos actos).

Pero además de estos factores, también influyen aspectos como la mala crianza proporcionada por los padres, como la sobreprotección, darles demasiado a los niños y no establecer límites claros predisponen a que un trastorno en la conducta se agudice.

PEORES EDUCADORES

Una investigación de la Universidad de Santiago de Compostela, España, hecha por cinco sicólogas, concluyó que los padres actuales son más incompetentes (entendiendo esto como la falta de competencias para educar asertivamente ante los retos actuales) de lo que eran los de otra generación: “Resulta sorprendente que los padres ahora sean peores educadores, cuando tienen un nivel de estudios como nunca ha tenido otra generación”.

Algunas de las causas para esta incompetencia son que los nuevos padres deben trabajar más para llegar a fin de mes y dejan más tiempo solos a sus hijos; tampoco se ha logrado que las mujeres concilien el papel de madres y de trabajadoras, además de que la tasa de divorcios va en aumento.

“Son padres que tienen que trabajar ocho horas o más y que cuando se relacionan con sus niño no saben cómo hacerlo porque casi no conviven con ellos, lo que los lleva a educarlos a través de mucha culpa. Ahí es cuando comienzan a darles a los niños recompensas o premios, cosas materiales o privilegios que no deberían, porque no hicieron algo para merecerlo, sólo por suplir su ausencia”, dice Sulema Rojas.

LOS MÁS OBEDIENTES

Tal vez puede sonar a lugar común, pero también mucho se ha dicho que otro defecto de los padres modernos es que han sido la generación más obediente.

“Nos cuesta trabajo mandar e imponer límites por miedo a parecer autoritarios. Eso ha provocado que seamos la generación a la que más le gustó obedecer, porque obedecimos a nuestros padres y desafortunadamente también a nuestros hijos”, afirma, en tanto, José Manuel Núñez, quien es doctor en filosofía por la Universidad de Navarra y exrector de la Universidad Panamericana, en su Campus México.

Una de las teorías de Núñez es que los hijos tomaron el vacío que dejó esta generación de padres por miedo a imponerse, a establecer límites o a ejercer la autoridad como en el pasado lo hicieron con ellos, de manera muy vertical.

“Ahora muchos dicen ‘es que antes no existía el Déficit de Atención’; sí había, pero se manejaba de una manera distinta, porque el papá era más claro y asertivo en sus decisiones. Si el niño perdía la mochila la pagaba con sus domingos, no como sucede hoy que en lugar de regañarlos por sus descuidos, los consuelan con un ‘ay, mijito, no llores, yo te compro otra’. También dejamos de utilizar frases cuando un niño le falta el respeto a la autoridad como ‘se te va a caer la mano’ o ‘se te va a secar la boca’.

“Nosotros vemos tranquilamente en el supermercado al niño gritándole a su mamá: ‘tú cállate, tonta’ o que incluso le suelta una cachetada, porque no quiso comprarle un dulce.

“Hemos tapado, justificado y normalizado la violencia que ejercen los niños contra los padres, y en parte sucede porque sienten mucha culpa y vergüenza al aceptar que han fallado en la forma de crianza de sus hijos”, concluye la doctora Rojas.

Un consejo que siempre Núñez da a los padres de familia que se acercan a él para preguntarle cómo hacer para poder controlar a sus hijos es que ejerzan sin remordimientos su autoridad y establezcan límites claros, congruentes y consistentes.

“Debemos entender que ni los niños ni adolescentes están en la edad de ser capaces para decidir todo por ellos mismos, y que hay que orientarlos para que tomen las mejores decisiones. Cuando se renuncia a la autoridad, entonces también se está renunciado a lo que uno cree que es lo mejor para un hijo”.

Mientras que en el consultorio, Sulema Rojas les explica a los padres que no hay una receta o una fórmula para que “arregle” a sus hijos, como piensan cuando llegan con ella, y les advierte que todos los niños que crecen sin ningún límite ni regla están en un constante riesgo.

“¿Por qué se les prohíbe el juego con bolsas de plástico en la cabeza o jugar en la cocina? Porque se les ama profundamente y como padres no querrían que algo malo les pasara. Pues eso es exactamente la definición de un límite para un niño o un adolescente, amor, seguridad y protección”.

TIPS PARA PADRES DESESPERADOS:

Ante los comportamientos de niños que se convierten en un dolor de cabeza, especialistas aportan una serie de consejos no sólo para modificar esas conductas, sino a fin de prevenirlas desde temprana edad.

Solicitar una valoración integral.

Los padres deben de actuar en cuanto ven que el niño apunta a ser un pequeño tirano. En México existe el Centro Remembranza para atender a chicos con este trastorno con especialistas que pueden detectar el problema y su posible solución. (Leonardo de Benito Avendaño, siquiatra infantil y de la adolescencia).

Padres, involúcrense en el tratamiento.

Una vez que los especialistas determinan las posibles soluciones para el trastorno, los padres deben involucrarse, porque un gran número de papás lo abandona cuando se percatan que es ahora ellos quienes tienen que cambiar, y pareciera que prefieren regresar a un modelo donde el problema era el hijo y una medicina mágica lo va a reparar, una dulce mentira, que parece preferible. (Sulema Rojas, sicóloga de la UNAM).

Padres, respeten a los maestros de sus hijos, son la autoridad.
El principal problema es que los padres no respetan límites ni la autoridad de los profesores de sus hijos, cuando un profesor le llama la atención a un chico, se cuestiona la autoridad del profesor y no del muchacho, del por qué se hizo merecedor a la sanción. Los padres que siempre creen que la culpa es de otros y no de sus hijos, pierden la oportunidad de ayudarlos a ser mejores. (José Manuel Núñez, doctor en filosofía por la Universidad de Navarra y ex rector de la Universidad Panamericana, Campus México).

Padres, confíen en los profesores de sus hijos.

Los padres tienen hijos; los maestros, alumnos, y la sociedad, ciudadanos. En la educación, los padres son los aficionados; los maestros, los profesionales. (Gregorio Luri, estudió magisterio en la Universidad de Barcelona).

Marcar límites.
Cualquiera puede objetar que todos los niños hacen rabietas. Es cierto, pero hay que intentar que no se salgan con la suya. Desde su primer año hay que poner límites para que sepan sus alcances. (María Dolores Mas Delblanch, sicóloga por la Universitat Oberta de Catalunya).

No se educa con fórmulas ni recetas.

Queremos educar a los hijos como con receta, a veces la gente quisiera una fórmula, y dicen “cómo hago para educar a mi hijo”. La tarea del padre es artesanal, cada hijo requiere una solución distinta. A cada uno se le educa en la manera que se quiere el bien de su hijo, y de la manera en que se ayude a potenciar al otro a sacar su máximo provecho. (José Manuel Núñez, doctor en filosofía por la Universidad de Navarra).

Frenar el desprecio de sus hijos.
Una de las cosas que les repetimos a los padres es si ellos permitirían que un desconocido los tratara con el mismo desprecio que sus hijos, nada más por ser niño y adolescente. Todos contestan que no. Entonces se les pregunta por qué permiten que sus hijos lo hagan si al ser parte de una familia los deberían tratar con mucho más amor. (Sulema Rojas, sicóloga de la UNAM).

Señales de alerta ante El síndrome del emperador:

-Son niños con muchos problemas en la regulación de sus emociones y trastornos de conducta. (Leonardo de Benito Avendaño, siquiatra infantil y de la adolescencia).

-Pueden ser niños diagnosticados con Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad. El TDAH incluye síntomas de desatención como no escuchar, no seguir instrucciones o extraviar frecuentemente cosas, así como hiperactividad e impulsividad como movimientos excesivos de manos y pies, hablar en exceso, precipitarse en las respuestas o inmiscuirse en actividades y tareas de otros. (Vicente Garrido, Universidad de Valencia).

-A partir de los tres años se puede comenzar a detectar. Empezamos a ver comportamientos como patear a los padres, como el “tú cállate”, “tú no sabes”. Verbalizaciones que son para desacreditar la autoridad de los padres. (Sulema Rojas, neurosicóloga de la UNAM)

-Los trastornos de la conducta también se empiezan a observar cuando el niño entra en un ambiente diferente de la casa. Un tercero, que es un profesor, una niñera o en una guardería empieza a notar ciertos comportamientos que no son los normales como desafiar las reglas o ser demasiado inquieto o impulsivo (Sulema Rojas).

-Son niños o adolescentes que están irritables, que no son muy buenos tolerando la frustración. Inmediatamente actúan con enojo: aventando, pateando o rompiendo cosas con frecuencia. (Leonardo de Benito Avendaño, siquiatra infantil y de la adolescencia)

-Ante la desesperación de los padres no parece que funcionen los regaños y conversaciones: él busca su propio beneficio. (Centro Can Rosselló, Barcelona).
Conductas habituales de desafío, mentiras e incluso actos crueles hacia hermanos y amistades. (Centro Can Rosselló, Barcelona).

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Ene 17

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