Miércoles, 26 de abril de 2017

Periódico El Cinco |

La mexicana que fue dueña de los 7-Eleven

Mary Ann Thompson-Frenk estaba destinada a crecer sin padres en México, pero recién abandonada fue adoptada por John P. Thompson, el CEO de una empresa expendedora de hielos con sede en Dallas que se transformó en la primera cadena de tiendas de conveniencia en el mundo

Con cinco días de nacida en México fue adoptada por Debra y John Thompson, quien era el CEO de 7-Eleven, un hombre de Dallas muy respetado en el mundo de los negocios, porque no hizo su fortuna con el petróleo, como la mayoría de los texanos de su generación.

Nos dice de arranque que es practicante de la acupuntura social: “Así me refiero a mi trabajo. La razón por lo que lo llamo así es porque creo que hay lugares clave en la sociedad en los que puedes aplicar inversión, energía y recur­sos en algún momento y ver cómo surten efecto”.

Esta acupunturista social dice que todo el trabajo que realiza es en el área de la filantropía, el capitalismo consciente o inversiones socialmente responsables. Toda su labor, explica, se mueve alrededor de esos conceptos.

“Creo que la forma de hacer tu dinero es tan importante como lo que haces con él”, complementa Mary Ann.

John P. Thompson, su padre, es una leyenda en Estados Uni­dos, pues convirtió una tienda de hielo en Dallas en el imperio global 7-Eleven.

Cuando falleció a consecuencia de cáncer cerebral, esto en enero de 2003, los obituarios de The New York Times y The Washington Post, por citar dos ejemplos, recordaban que este hombre se alzaba por en­cima de la élite de Dallas porque no se hizo millonario en la industria del oil and gas.

“John P. Thompson, líder de la familia de Dallas que construyó un negocio de hielo en 7-Eleven, la cadena de tiendas de conveniencia más grande del mundo, murió en su casa en Dallas. Tenía 77 años”, se lee en la entrada del texto de Wolfgang Saxon, del Times.

Saxon escribe que el padre de John, Joe C., comenzó vendiendo bloques de hielo para refrigerar comida en 1927. Un empleado agregó pan, huevos y leche a ese frío espacio donde vendían agua congelada. Así, cuando las tiendas tradicionales habían cerrado ya, ellos seguían ofreciendo productos perecederos, frescos.

Southland Ice se convirtió con el tiempo en Totem Convenience Stores. En 1946 cambió de nombre a 7-Eleven, por los horarios en que atendían, que resultaron una novedad: 7 de la mañana a 11 de la noche, los siete días de la semana.

Cuenta el Times que Thompson era el hijo mayor de tres y en 1961 se convirtió en presidente de la compañía, justo antes de la muerte de su padre. Ya tenían 600 tiendas; ocho años más tarde, maneja­ban 3,800 en 35 estados de EU y Canadá. Después llegó a México, Australia y Europa.

En los 80, con la expansión acelerada, las deudas se acumula­ron y muy pronto llegaron a estar a punto de la quiebra. Ito-Yokado Company, Seven-Eleven Japan Company y Carl C. Icahn los rescataron.

El poder de Thompson y su familia en la empresa comenzó a diluirse.

En 1991, Ito Yokado compró alrededor de 70% de las acciones de Southland y cinco años después John Thompson se retiró. Fue has­ta 2005 cuando la empresa dejó de ser estadounidense, para convertir­se en una compañía japonesa en su totalidad.

“Mi padre era el CEO de 7-Ele­ven y fue una gran, gran influencia en mi vida. Me ayudó a entender que puedes hacer una diferencia mayor. Hay muchas cosas que implementó para ayudar a la gente pero, por ejemplo, una cosa: si hoy tú vas a una tienda y encuentras esa especie de botes para depositar dinero para ayudar a alguna causa, mi padre y mi abuelo lo iniciaron en su cadena.”

Mary Ann dice que hay mucha influencia del trabajo de estos empresarios que hoy afecta su propia visión del mundo y la forma de manejarlo.

Recuerda que su infancia no fue fácil, principalmente por su salud. Dificultades como sordera y ata­ques. “Estoy muy agradecida con la vida, crecer en Estados Unidos y tener el acceso al sistema de salud que mis padres pudieron darme ayudó a sobreponerme a mis pro­blemas de salud. Escucho mejor y puedo leer los labios hoy, pero pla­ticar como lo hacemos por teléfono en este momento, me cuesta”.

Haberse quedado en México, huérfana, recuerda, habría hecho que otra suerte le hubiera tocado, empezando por la débil salud con la que creció.

Aclara que ya no tiene nada que ver con las tiendas y el negocio de 7-Eleven. “Fue vendida en los 90, a Ito Yokado, hace muchos años. No tengo relación con ellos hoy”.

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Trabajo para vivir

Mary Ann Thompson-Frenk también ha sido speaker en TED Talks, ha publicado varios li­bros y tiene además dos centros culturales en México. Uno dedicado a los toltecas, en Teotihuacán, y otro a los mayas, en Yucatán. Tiene clínicas para tratar de recuperar la medicina tradicional.

“Trabajo en México con varios programas de intercambio cultural. Principalmente tratando de preser­var y conservar las medicinas tradi­cionales. Eso es lo que hacemos en México, de todas formas, el trabajo que hacemos es global. Hemos he­cho trabajo en África, Asia, Europa, en Estados Unidos. Uno de los proyectos que más me emociona y del que estoy muy orgullosa se llama ‘escuela fuera de la caja’, y se trata de llevar educación media superior y superior, los conocimientos, a las regiones más pobres del mundo”, dice Mary Ann.

―¿Qué tan seguido viene a México?

―Probablemente, al menos dos veces al año, más que eso seguramente. Tengo dos viajes al año, con varias reuniones y pequeños proyectos.

―Habla de visitar tiendas y ser conscien­tes de lo que compramos. ¿Qué recuer­da usted cuando entra a un 7-Eleven?

―Para mí, una de las grandes cosas a destacar de la visión de mi abuelo es que 7-Eleven nació casi al mismo tiempo que un amigo de él, no sé si has escuchado de él, el padre Wi­lliam Wasson, estaba formando los orfanatos Nuestros Pequeños Her­manos. Estaba basado en Cuerna­vaca, en México. Los dos hombres estaban dándole forma a su visión al mismo tiempo. Pasaban mucho tiempo juntos platicando de ello.

El padre Wasson decidió que se inspiraría en mi abuelo, para tomar el modelo de negocios y aplicarlo a un modelo sin fines de lucro de orfanatos, para crecerlo. Mi abuelo entendió lo que hacía el padre y le dijo que quería ser parte de su proyecto. 7-Eleven fue diseñado como un modelo para darle poder a familias, que administraran las tiendas para generar sus propios recursos. Se ve muy simple hoy, con el tiempo, pero en realidad fue una idea revolucionaria en su momento. Si te metes a investigar un poco de mi abuelo, te darás cuenta que con su concepto cambió el mundo con su concepto único.

7-Eleven se trataba de empode­rar a las familias. Cuando voy, veo algún 7-Eleven en el mundo, yo veo a la persona detrás de la caja. He conocido mucha gente que me ha dicho, en Estados Unidos y otros países, que su primer trabajo fue en una de esas tiendas o que de ahí sale para alimentar a su familia y que cuentan con independencia financiera. Para mí, eso es lo que significa.

Dice que está contenta, por cómo creció y el poder financiero que tiene. Eso le permite hacer las cosas que hace. Y claro, acepta que le ayuda a escalar las soluciones a otro nivel.

“También, cuando veo un 7-Ele­ven, siento mucha responsabilidad, los veo y ash, digo, mi abuelo fue de conseguir esto cuando tenía 30 años, mi padre logró esto cuando tenía 35 años, es una som­bra muy, muy grande”.

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―¿Qué le dijo su abuelo y su padre acerca de ser mujer? –le preguntamos. Y suelta una fuerte carcajada.

―Antes que nada, no conocí a mi abuelo. Pero mi padre, él tuvo cuatro hijos. Todos con 10 años de diferencia. Yo tengo 39, mi hermano 49, otro 59, y mi hermana 69, enton­ces, mi hermana, que es mucho más vieja que yo, fue criada tradicional­mente.

“Cuando mi padre decidió adop­tarme, dijo que estaba en lo alto de su edificio en Dallas, admirando la ciudad, y decidió que iba a educar­me como hijo. Lo que significaba, me dijo, es que muchas de las cosas que un hombre hace con su hijo, él las haría.

“Por ejemplo, me llevaba a su oficina y me decía que me callara. Si alguien venía a visitarlo, me dejaba mirarlo de cerca mientras charla­ban. Me enseñó a detectar quién mentía al sentarse en la mesa.

“Otra vez me enseñó a tomar el control del cuarto de juntas sin hablar, simplemente por la posición en que te paras. Cómo saludas de mano a alguna persona, cómo negocias algo, todas esas cosas que tradicionalmente le transmites a tus hijos.

“Él decidió hacer eso conmigo y dijo que mi lado femenino sabría cuidarse solo.”

Mary Ann dice que debemos preguntarnos qué le enseñamos a nuestros hijos y a nuestras hijas.

“No solamente es decir que las mujeres deben ir al frente y ganar posiciones de poder, debemos pensar también cómo estamos educando a la siguiente generación de niños y jóvenes para convertirlos en parte de la solución, y no única­mente pensar que las mujeres serán las salvadoras.”

―¿Todavía se siente mexicana?

―Por mi genética, sí –vuelve a estallar su risa–. Quiero decir que cuando fui adoptada, y me pusieron en una escuela en Estados Unidos, la gente creía que yo era una especie de genio del arte. Cuando fui a México vi que la gente que trabajaba con barro en el mercado era tan talen­tosa como yo lo era. Lo que esto me dice es que México tiene mucho que ofrecerle al mundo, México no encontrará el éxito tratando de ser Francia, Alemania o Estados Unidos. México triunfará y real­mente encontrará su lugar entre los líderes mundiales cuando trate de ser el mejor México que pueda ser. Y eso sucederá también cuando adopte su cultura indígena. México no sólo es una versión miniatura de otro país, que es algo que ha hecho por mucho tiempo y lo ha herido. México necesita abrazar su historia, que es lo que lo hace único en el mundo.

Lo dijo ella: “La ignorancia hoy es una elección”.

Información de Forbes

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