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Diane: “Voy a ser mamá, mi novio Fernando está embarazado”

Ellos son Diane Rodríguez y Fernando Machado, los protagonistas de un feliz embarazo transgénero

Ella (antes él) tiene 33 años de edad y él (antes ella) tiene 22. Ambos son la pareja que ha despertado por igual simpatías y polémica por haberse convertido en la primera pareja ecuatoriana en tener un embarazo transgénero, a la fecha de tres meses. Ambos son activistas.

Los tres meses recientes han estado marcados por la felicidad para Diane Rodríguez y Fernando Machado. Los bochornos, vómitos y antojos característicos del embarazo han estado a la orden del día para ambos.

Han transcurrido doce semanas desde que Fernando quedó embarazado de Diane. Es así, no viceversa.

Diane, una mujer transfemenina —nació con una biología de hombre pero ha construido para sí un género femenino—, no lleva a su hijo o hija en el vientre, pero experimenta la gestación, afirma, con la misma intensidad que su esposo. El embarazo de Fernando, un hombre transmasculino —quien nació con una biología de mujer y decidió construirse un género masculino— ha impactado la vida cotidiana de esta pareja transgénero, donde cada uno defiende un género distinto al asignado también socialmente para desarrollar su vida e interactuar con otros en todos los ámbitos, desde el laboral y afectivo hasta el ejercicio de sus derechos a la salud, la educación o el entretenimiento, entre otros.

Se conocieron a través de las redes sociales hace un par de años y el encuentro desembocó en la decisión de compartir una vida en común una vez que Fernando, originario de Venezuela, mudó su residencia a Guayaquil, Ecuador, donde Diane nació y ya radicaba.

También en redes sociales la pareja dio a conocer la noticia de su embarazo:“Voy a ser mamá, mi novio Fernando Machado está embarazado de mí”, escribió en Twitter @DianeRodriguezZ. El impacto de la pequeña misiva pública corrió como pólvora en internet, primero en Ecuador, principalmente en el mundo del activismo y posteriormente a nivel internacional. Vino la lluvia de felicitaciones, muestras de apoyo y afecto. Aunque también la noticia despertó la polémica e incluso hubo “reclamos” en algunos portales de internet donde aparecían recriminaciones por “la irresponsabilidad de traer a un ser humano a sufrir a este mundo”.

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Contra el prejuicio

Fernando Machado, activista al igual que Diane, tiene 22 años de edad. Se ha distinguido por llevar su vida como persona trans de manera abierta. Su familia le apoya y le ha acompañado en su proceso, tanto de transexualización como de embarazo. Al enterarse su madre, que vive en la capital venezolana, rompió en llanto junto a su hijo quien desde Ecuador le daba la noticia vía telefónica. A decir del futuro padre, su mamá le acompaña y ya teje las chambritas para su nieto o nieta.

En la escena pública, a Fernando se le ha visto en marchas en su país y ha luchando desde organizaciones civiles por los derechos de la comunidad LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transgénero) de Venezuela, un país no muy abierto al tema. La decisión de cambiar su residencia, relata, responde a la conexión inmediata que tuvo con Diane a finales de 2013.

En tanto Diane, de 33 años de edad, cuenta con un historial amplio ya como activista destacada, con una historia personal marcada por la discriminación al interior de su familia y en el ámbito laboral. En su adolescencia salió de su casa debido a la homofobia de su padrastro. Deambuló un par de meses por las calles de Guayaquil en total desprotección. El regreso a la casa tuvo como condición “guardar la compostura”.

En su vida laboral, siempre tuvo problemas por su apariencia “afeminada”. Un suceso que detonó su activismo fue precisamente defenderse legalmente ante la violación de sus derechos laborales por la homofobia de sus jefes. No ganó, pero la experiencia de buscar solución a su situación la empoderó y le abrieron paso, luchando, sobreviviendo y tomando conciencia de su ser social, cuenta Diane. “Comencé a luchar por mis derechos y de los demás LGBT”.

A pesar de sus circunstancias de vida, Diane decidió destacar y poco a poco se involucró en el movimiento de las disidencias sexuales de su país. Algunos de los logros de esta activista transexual son, entre otros, una demanda al registro civil que no procesó su solicitud de cambio de nombre de femenino a masculino. Ella argumentó una violación a su derecho a la identidad de género, con lo que sentó un precedente. Los medios de comunicación también han sido alcanzados por el activismo contestatario y crítico de Rodríguez, pues en varios momentos han sido cuestionados públicamente por la ridiculización que hacen de la comunidad LGBT, principalmente en la televisión local. En lo político, luego de un cabildeo social intenso, un grupo de mujeres trans, activistas gays y lesbianas, lograron entablar una mesa de diálogo con el gobierno, en la que Diane tuvo un papel protagónico. El resultado fue un acuerdo que se ha materializado a partir de 2013 en políticas públicas a favor del sector de la diversidad sexual en Ecuador, como la aprobación de la Unión de Hecho que permite a parejas del mismo sexo unirse legalmente y acceder a algunos derechos.

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Disculpa presidencial

El férreo activismo de Diane logró que el presidente Rafael Correa Delgado se disculpara públicamente por un desliz homofóbico que tuvo el 28 de julio de 2012 en su programa “La Sabatina”, en donde el mandatario se defendió del comentario de un lector del periódico El Comercio, quien llamó “marica” al presidente por no aclarar el rumor de que encabezaría la delegación ecuatoriana que participaría en los Juegos Olímpico de aquel año. Ante la provocación del lector, Correa Delgado respondió al aire:“¡Qué venga (Zenón Moreno, lector del periódico) para ver quién es el verdadero marica!”. Esa respuesta generó el descontento de las organizaciones civiles LGBT de Ecuador, que de inmediato formaron una Alianza, la cual lideró la Asociación Silueta X, logrando que el presidente CorreaDelgado ofreciera una disculpa pública en la que reconoció su falta de respeto hacia la comunidad LGBT: “Tal vez perdí la cabeza, me extralimité. Y dije ‘que venga este señor para decirme personalmente que soy badea, marica’. Básicamente era en el sentido de ver quién era el cobarde. Sin embargo, eso ha molestado, y con justa razón, a la comunidad LGBT del país. Han mandado, no me ha llegado a la Presidencia, pero sí han puesto en las redes, una carta de protesta, que a mí me dolió mucho… mi convicción como presidente es luchar contra la discriminación en todas su formas, peor aún si son discriminaciones por preferencia sexual”. Y en tono conciliatorio, el presidente ecuatoriano afirmó: “No puede haber esos rasgos en mí, de estigmatización de prejuicios contra la comunidad LGBT”.

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Esa acción política del presidente, pero muy simbólica, ha puesto un sello distintivo del activismo social que representa Diane, quien en aquellos días cabildeó una respuesta del presidente, lo que le ha dado reconocimiento social, pues la posicionó como líder nata de los movimientos sociales de Ecuador. Eso la llevó a ser elegida como presidenta de la Federación LGBT de Ecuador, que agremia a más de 60 organizaciones civiles. Diane intentó contender para una diputación pero no lo logró, y ha sido amenazada en un par de ocasiones por su activismo en las instalaciones de la organización civil Silueta X, desde donde ha emprendido, junto con otras ONG, decenas de acciones a favor del colectivo lésbico, gay, bisexual y trans de Ecuador. Recién fue certificada como defensora de los derechos humanos en su país por la asociación internacional Front Line Defenders, un órgano consultor de Naciones Unidas que reconoce el trabajo de defensores en todo el mundo.

En entrevista con Domingo, Diane Rodríguez relata que el fuerte vínculo que hay entre Fernando y ella desde que se conocieron los llevó a tomar la decisión de embarazarse: “Era un deseo de ambos y al no existir nada que nos lo impidiera, tanto biológica como legalmente, decidimos hacerlo”.

Su técnica para el embarazo fue coital, pues la transexualización de ambos no ha sido quirúrgica, lo que les permitió concebir biológicamente, de ahí que Fernando pudo embarazarse de Diane sin ninguna complicación.

Diane y Fernando han decidido no conocer el sexo de su hijo o hija sino hasta el momento en que nazca. Lo que sí les tiene ocupados es buscar nombres poco convencionales, que no tengan raíz judeocristiana, y sí significados más apegados a la naturaleza o personajes de la historia que hayan aportado algo trascendental a la cultura contemporánea.

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Lo personal es político

Sobre lo que significa socialmente su embarazo, la activista plantea que están ejerciendo el derecho humano de acceso a la maternidad y a la paternidad, independientemente de la identidad de género.

“Vivimos como hombre y mujer, tal como socialmente las personas nos ven, y así nos desenvolvemos. Yo soy una mujer transfemenina y Fernando un hombre transmasculino. El proceso para llegar a este entendimiento ha sido complejo en cada caso, y al estar consientes de ello, sabiendo que es un derecho, es que decidimos agregar un miembros más a nuestra familia”, dice Diane.

—¿Qué implicaciones sociales crees que detone su decisión?

Lo que nosotros queremos es romper mitos y prejuicios sociales con el tema de la transexualidad. Ya ha habido otros embarazos de personas transgénero en otros países por fertilización invitro o inseminación artificial. Yo respeto la decisión de cada quien para tener hijos o hijas, en nuestro caso no fue necesario recurrir a esas alternativas ya que tenemos la posibilidad de concebir biológicamente.

—En su caso ¿cuál ha sido la forma específica para que Fernando se embarazara?

Estamos concibiendo a un ser humano de manera natural, es decir, a través de una relación coital en la que yo, como mujer transfemenina, aporté el semen, y él, como hombre transmasculino, el óvulo, lo que ha permitido que Fernando pueda gestar a nuestro bebé o beba.

—Es decir, tuvieron una relación “heterosexual” para poder concebir, aunque la identidad de género de cada uno es diferente al sexo biológico de ambos…

Nosotros somos personas transexuales independientemente de que biológicamente podamos concebir. A mí como mujer transfemenina me gustan los hombres como Fernando, y a él, como hombre transmasculino, le gustan las mujeres como yo. Nos complementamos simplemente, y como resultado de ello tendremos un hijo o una hija.

—Están rompiendo, de hecho, con posturas feministas sobre temas de género…

Yo me considero una mujer transfeminista. Creo que el reconocimiento de la feminidad no pasa por la biología de nadie ni por su género. Además, el feminismo no es patrimonio de nadie. Mi novio es un hombre feminista y los dos rompemos con el estereotipo de género como personas transexuales.

—De alguna manera, su embarazo tiene que ver con una postura política, ¿no?

Claro, para que exista un cambio social se requiere que las personas también cambiemos y que seamos congruentes entre lo que decimos y lo que hacemos. Lo que nosotros hacemos en lo individual, como pareja, desde luego tiene que ver con una postura política frente a la sociedad y las instituciones.

—En ese sentido, ¿su hijo o hija de alguna manera nacerá con una herencia política, de activismo?

¡De alguna manera! Nuestro hijo o hija, como bien dices, es resultado de la lucha del activismo que busca derechos que han sido negados por los prejuicios sociales, de ahí que hemos logrado avanzar en el reconocimiento de nuestras familias. En ese sentido, retomo la idea que planteas de que sí, “lo personal es político”. Mientras la lucha inicia como algo personal, tiene impacto social. Evidentemente pasa de ser algo íntimo, de dos, en su alcoba, a algo social, con impacto, no sólo en una persona, sino en una comunidad y hacia toda la sociedad en su conjunto. ¿Cómo ocultarlo? Nuestro hijo o hija tendrá que entender que viene de padres activistas y que será nuestra obligación social exponer nuestra situación para que haya una ruptura de prejuicios, y que cuando él o ella tenga que exponer públicamente que nació de padres transexuales, evidentemente esté preparado. Por eso Fernando y yo hemos decidido hacer público nuestro embarazo, para que la sociedad a la que llegue nuestro hijo o hija pueda estar más abierta, y que sepa que será un niño o niña como resultado de una lucha social.

— ¿Hay algún temor sobre lo que su hijo o hija enfrente en la sociedad por su origen de nacimiento?

Sí. Sabemos que probablemente él o ella va a sufrir discriminación indirecta debido a la visibilidad de nosotros como activistas transgénero, pero le vamos a preparar como cualquier padre o madre que protege a sus hijos.

—En materia de leyes, ¿cómo estará protegida tu familia una vez que nazca su hijo o hija?

Bueno, en Ecuador ya tenemos la Unión de Hecho, que nos da precisamente la posibilidad de acceder a derechos antes no reconocidos, pero ahora mismo estamos luchando porque nuestro país sea el primero del mundo que reconozca lo público y no lo privado. Es decir, que el Estado reconozca la identidad de género con la que las personas se reconocen públicamente, independientemente de su sexo biológico. Con ello se tendría que reconocer a las familias como la nuestra…

—¿Esta propuesta tiene repercusión sobre el tema legal en la decisión sobre el orden de los apellidos?

No. Para ello estamos haciendo otra propuesta en la que todas las parejas, heterosexuales, trans, gays y lésbicas, puedan elegir libremente el orden de los apellidos de sus familias, y esperamos que antes de que nazca nuestro bebé o beba, se apruebe. Será un beneficio también para las mujeres heterosexuales que siempre han estado en segundo término con respecto a los apellidos, y a algunas de ellas sí que les interesa.

—¿Qué les provoca saberse futuros padre y madre de un niño o niña?

Muchas cosas. Los primeros días hubo desconcierto, no de tristeza, sino de felicidad. Yo lloraba mucho y pensaba en que las cosas tienen que salir bien para no equivocarnos. Nosotros queremos que sea un niño o niña sana, muy feliz, que tome el camino que desee, que haga lo que quiera… que sea libre. En fin, que dentro de todas las esferas de su vida, tome las decisiones que quiera con su propio criterio. Nosotros le vamos a apoyar, siempre y cuando no se haga ni haga daño. ¡Y claro, jamás le vamos a tener un cuarto rosado o celeste, sino con todos los colores habidos y por haber!. (Información El Universal)

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