Cuento priista

Por más que el gobierno de Enrique Peña Nieto intente vendernos la idea de que, las capturas de los ex gobernadores Tomás Yarrington Ruvalcaba y Javier Duarte, son parte de la lucha o combate contra la corrupción, somos una gran mayoría de mexicanos los que no nos tragamos el cuento.

Esa desconfianza colectiva encuentra su explicación, o justificación, en la enorme e insultante impunidad que ha prevalecido durante décadas en favor de quienes han saqueado las finanzas nacionales.

¿Por qué creer que ahora sí va en serio el combate contra la deshonestidad gubernamental? No hay nada, en lo más mínimo, que nos diga a los mexicanos que los encarcelamientos del tamaulipeco Yarrington y el veracruzano Duarte, son parte de una auténtica lucha contra la corrupción en el servicio público.

Soy un convencido de que, Yarrington y Duarte son en realidad parte de una estrategia del Partido Revolucionario Institucional (PRI), que busca allegarse simpatías ciudadanas con miras a las próximas elecciones en el Estado de México y Coahuila y, por supuesto, a las presidenciales del 2018.

El partido en el poder intentará, por todos los medios a su alcance, convencernos a los mexicanos de que se ha regenerado y de que en sus filas no habrá más corruptos.

Por eso se dio prisa para apurar las capturas de Yarrington y Duarte.

Hay quienes descalifican la tesis al considerar que, el gobierno mexicano ni se enteró de la captura de Yarrington porque fueron policías estadounidenses e italianos los ejecutores de la aprehensión, lo cual habría que valorar porque siempre cabe la posibilidad de acuerdos a los más altos niveles diplomáticos.

Lo que el PRI busca es sensibilizarnos a usted y a mí, para que por enésima ocasión le regalemos el voto que le permita mantener su perpetuidad en Los Pinos.

De hecho, soy un convencido también de que hay varios “chivos expiatorios” que seguirán la misma suerte que Yarrington y Duarte durante los días o semanas por venir.

El PRI de Peña Nieto necesitará de más ejemplos de su falsa seriedad en la lucha contra la corrupción, y en ese entendido deberá poner tras las rejas a otros personajes de la vida pública.
Ya verá usted que así es.

EL RESTO

LO QUE SÍ creo es que no será en la administración de Enrique Peña Nieto, cuando el ex gobernador Eugenio Hernández Flores, pueda correr la misma suerte que Yarrington y Duarte.

Eugenio fue uno de los que más aportó recursos a la campaña del hoy Presidente de la República, lo que le garantiza impunidad propia y para los suyos.

Lo que suceda después de que termine el mandato de Peña Nieto es otra historia. Si yo fuera Geño, estaría muy preocupado.

POR CIERTO, el PRI tamaulipeco sigue a la deriva. Ya se fue marzo y está por irse abril y no se ve para cuándo los priistas tengan presidente estatal.

En cambio, en el PAN, ya hasta andan trabajando con miras a la elección del 2018, en la que localmente estarán en juego los 43 Ayuntamientos.

Definitivamente los tricolores no aprendieron la lección del 5 de junio.

ASÍ ANDAN LAS COSAS

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Abr 29

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