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¿Por qué llora el ‘Qué Pasó’?

Cantante, taquero, abogado, Cruz Valadez relata la historia de su vida a periódico 5inco. Su infancia en El Tomaseño, en el DF, en Victoria

    Ciudad Victoria, Tamaulipas.- Cruz Valadez, llora. Es tanto su dolor, que no le importan las miradas sorprendidas y curiosas de los clientes de su taquería. Llora.

    Una y otra vez, toma la servilleta colocada a un lado de su plato de tacos de harina con picadillo; y luego limpia las gruesas lágrimas, que brotan por el rabillo de sus ojos.

    Pero, ¿por qué llora el taquero, el abogado, el cantante?¿Por qué llora “El Qué Pasó”?

    Cruz Valadez regresa a la edad de 5 años, cuando hambriento cada madrugada caminaba kilómetro y medio hasta la parada de camiones de pasajeros del poblado El Tomaseño, en donde una señora le daba una gorda gruesa y también un peso por vender entomatadas a los  creyentes católicos, que ahí hacían escala rumbo a la iglesia de la Virgen del Chorrito o viceversa.

    Y después, entre las 22:00 y las 23:00 horas, aquel niño volvía a caminar en la oscuridad otro kilómetro y medio de regreso a su humilde casa ubicada en el ejido La Rosalba, municipio de Hidalgo, algunas veces en la lluvia y otras veces en el frío, pues, si no lo hacía, su madre y sus hermanos sólo comerían unas cuantas tortillas con unos cuantos frijoles al día siguiente ya que, lo poco que ganaba su padre como jornalero agrícola, se lo gastaba casi todo en el alcohol.

    “Del peso que me ganaba, de aquellos pesos rojos, ya me traía 10 centavos de manteca, 15 de frijol, 10 de cebolla … así era… así era…”, dice. Y luego llora por 15 segundos.

    TODO POR LA FAMILIA

    “El Qué Pasó” también se desploma emocionalmente al recordar al adolescente de 12 años que, con la ilusión de ganar un poco más de dinero para enviar a su madre y sus hermanos hasta Hidalgo, Tamaulipas, acudió a casa de una de sus tías en el Distrito Federal, en donde sólo recibió maltratos, humillaciones e insultos.

    “Ella (mi tía) tenía 2 hijas, que trabajaban como aeromozas de Mexicana de Aviación”, cuenta. “Y pues, esas primas, me trataban como a una sirvienta…”, agrega. Y vuelve a llorar.

    Más adelante, un poco más calmado, nos comenta: “Dice el pastor  que, cuando uno siente esto, es porque no has curado heridas…”. Y luego vuelve a llorar por largos 17 segundos.

    De los ojos de Cruz Valadez no dejan de brotar lágrimas, mientras recuerda su regreso del Distrito Federal, pues volvió a encontrar a su familia en la miseria, ahora viviendo en la calle 7, entre Juan José de la Garza y Río, de la colonia Mainero, ya en esta capital.

    “Ahí estábamos flacos, enfermos… batallábamos para comer…”, dice. Y ahora sí llora inconsolable por largos 32 segundos.

    LUCHADOR INCANSABLE

    Cruz Valadez advierte que esa pobreza extrema lo impulsó a recoger en la calle unas cajas de tomate con las cuales armó un cajón de bolear y después acudió a la plaza Hidalgo, en donde también comenzó a vender periódico, para llevarle un poco de dinero a su mamá.

    Al paso de los años, comenta, el costo de los estudios y también de la atención médica de sus entonces 6 hermanos menores aumentó por lo que, siguiendo el consejo de su madre Ofelia Barreda (q.e.p.d.), y también su gusto por la venta de tacos obtenido en el poblado Tomaseño, encontró un carretón desvalijado y lo rentó.

    Recuerda que, por aquellos años, acudía al Mercado “Argüelles” y ayudaba al comerciante Guadalupe Cavazos (q.e.p.d.) a desechar las frutas y verduras maduras, hasta que… “un día le digo: ‘¿Y qué hace con eso?’ (y me respondió) ‘Ah, se van a la basura’. ‘Pues démelos’. ‘Sí, llévatelos’. Y empecé a sacar lo bueno de cada tomate, de cada cebolla, de cada chile, de cada papa…”.

    A Cruz se le humedecen otra vez los ojos, al recordar aquel viejo carretón al que le colocó un techo de lámina, luego de ponerle como base cuatro tubos sacados del tambor de hierro de una cama desechada en un terreno baldío.

    “Y en la casa, en un carrizal, veo un fierro viejo y que lo saco y era un comal y tenía una agarradera (y) con bolas abajo (de la oxidación por lo que) lo tallé con piedras, con lo que pude, lo arreglé… y ya tengo el carro; tengo el comal… compré el cuchillo y la cuchara… como quiera (y también) el repollo para los tacos… Con 5 pesos de  carne molida, le pongo chile y así empieza El Qué Pasó”, relató.

    PRIMERAS VENTAS

    Cruz comenta que quería comenzar a vender tacos en el 15 Juárez pero, cuando se dirigía al citado punto proveniente de su casa en el 19 Nuevo León y Coahuila, un señor lo detuvo en el 16 Olivia Ramírez y le recomendó que se quedara en ese punto, ya que iba a haber función de box en la plaza de Toros, que entonces estaba en donde hoy se localiza la tienda de autoservicio Gran’D Toreo.

    “Vendí todo, no hubo para tomate, no tenía, sólo repollo con papas. Valían 20 centavos los tacos de papa de masa; y los de harina 40 centavos. ¿Cocas? Pues no había para comprar, así empecé, vendí todo… 347 pesos vendí… Me regreso bien contento (a mi casa y) les dí de comer a mis hermanos”, recuerda.

    “El Qué Pasó” asegura que, al día siguiente, volvió a dirigirse al 15 Juárez, pero ahora en el entronque de las calles 17 y Alberto Carrera Torres lo detuvo un viejito que vendía aguas frescas donde ahora hay una base de taxis; y le rogó que se quedara a trabajar en ese punto.

    “(Me dijo) ‘yo vendo las aguas y tú vendes los tacos’… le dije: ‘está bueno’… y empecé a prender el carbón… Y ya prendido el carbón, puse el comal… y pasaba la gente en los carros; y les decía: ‘¿Qué Pasó? ¡Véngase a comer! Sin conocer a nadie… de repente se volvió una historia… el viejito murió en mis brazos”, cuenta.

    ASÍ ES CRUZ VALADEZ

    El entrevistado advierte que, gracias a su oficio de taquero, ayudó a su madre a adquirir un terreno en la colonia Lázaro Cárdenas, en donde empezó a construir una casa con muchos sacrificios; y en donde sufrió mucho tiempo las inclemencias del tiempo a lado de 9 hermanos, al carecer este inmueble de puertas y ventanas y también de un techo de concreto. Hoy ahí tiene su residencia y su negocio de comidas.

    “Mi vida no está hecha para despilfarros; mi vida no está hecha para divertirme… yo me divierto en el vecindario, me divierto en los tacos y me gusta ayudar a la gente, que no puede pagar a un abogado… mi vida está enfocada en mi familia, ellos son mi tesoro, yo no soy rico (en dinero) soy rico en amistades, lo que me siento orgulloso de mi y de mi familia es que somos gente decente, siempre les he inculcado: una persona decente siempre llegará a donde quiera”.

    “Mucha gente me dice pend…, pues seré pend…, pero así soy y así me voy a morir… mis 3 o 4 amigos que tengo (me dicen) ‘ya cuídate tú, vive tú para ti, ya déjalos (a tus hermanos y sobrinos, pues) ya casaste, ya mantuviste’… pues no, así es Cruz Valadez”, declara.

    *Primera de tres entregas

    Cruz Valadez nos relata su paso por la fama en la segunda parte de su reportaje, no te lo pierdas…

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