EL 5INCO / Rogelio Rodríguez Mendoza / 10-07-12 / 5:12 am
A las 10 horas del cuatro de julio la sala de urgencias del IMSS estaba medio llena. A diferencia de otros días en que los espacios son insuficientes y el personal no se alcanza para atender tantos pacientes, aquel miércoles era tranquilo…
Con caminar lento, en parte por su edad avanzada pero a la vez por el padecimiento que la agobiaba, una anciana de alrededor de 80 años llegó por sus propios medios hasta la ventanilla de atención al público. Llevaba en sus manos una hoja de atención, con los clásicos garabatos utilizados por los médicos…
En el pequeño cubículo una recepcionista tecleaba con firmeza una computadora mientras conversaba animada con una compañera. Cuando la primera se percató de la presencia de la derechohabiente, dibujÓ en su rostro un gesto de fastidio que acompañó con una interrogante: ¿Qué se le ofrece señora?…
Ante la agresividad de la pregunta la ancianita se intimidó. Se inhibió. Hizo esfuerzos por ordenar sus ideas para plantear sus dudas, pero cuando apenas lo intentaba la empleada le detuvo en seco: “A ver, concretamente dígame lo que se le ofrece. Tengo mucho trabajo”…
“Es que me dijeron que viniera a hacerme un electrocardiograma, pero no sé dónde es”, atinó a contestar con voz temblorosa…
“Es ahí enfrente. Toque la puerta y espere a que la llamen”, ordenó molesta la recepcionista ya sin siquiera voltear a ver a su interlocutora. Regresó a la plática con su compañera mientras la confundida ancianita seguía en busca de ayuda…
Paradójicamente, a un lado de la ventanilla de atención al público, figura sobre la pared un escrito en el que se enumeran los derechos y obligaciones del paciente. Entre los primeros hay dos que llaman la atención : “derecho a recibir un trato justo ” y “derecho a ser informado suficiente y oportunamente”…
Existen pero no existen. Ahí están pero como si no estuvieran…
En vez de darles cumplimiento, la empleada prefirió elaborar a mano un escrito que colocó en el cristal: “Electrocardiogramas enfrente”…
No quiso arriesgarse a otra “interrupción”…
Es innegable: durante los últimos años el IMSS ha mejorado en la prestación de sus servicios. Es más eficiente. Del IMSS de hace 10 años al de ahora hay un mar de diferencia. Existen sin embargo dos grandes pendientes. Uno lo constituyen sus pobres y deprimentes instalaciones. El otro es la insensibilidad en el trato por una gran parte del personal, especialmente de los trabajadores administrativos…
Referencia contundente de ello son las recepcionistas del turno matutino del cuatro de julio en la sala de urgencias…
Hay dos áreas del servicio público al que las personas acuden por necesidad, por obligación: las instancias de justicia y los hospitales..
Quien llega a una agencia del Ministerio Público, un Juzgado o un hospital, va obligado. Busca ayuda, soluciones. Lo menos que desea son malos tratos, intimidaciones…
Eso, sin embargo, parecen no entenderlo muchos servidores públicos. Alguien tiene que sensibilizarlos…
ASÍ ANDAN LAS COSAS
roger_rogelio@hotmail.com
MÁS PUBLICACIONES DE ESTA COLUMNA
A las 10 horas del cuatro de julio la sala de urgencias del IMSS estaba medio llena. A diferencia de otros días en que los espacios son insuficientes y el personal no se alcanza para atender tantos pacientes, aquel miércoles era tranquilo…
Con caminar lento, en parte por su edad avanzada pero a la vez por el padecimiento que la agobiaba, una anciana de alrededor de 80 años llegó por sus propios medios hasta la ventanilla de atención al público. Llevaba en sus manos una hoja de atención, con los clásicos garabatos utilizados por los médicos…
En el pequeño cubículo una recepcionista tecleaba con firmeza una computadora mientras conversaba animada con una compañera. Cuando la primera se percató de la presencia de la derechohabiente, dibujÓ en su rostro un gesto de fastidio que acompañó con una interrogante: ¿Qué se le ofrece señora?…
Ante la agresividad de la pregunta la ancianita se intimidó. Se inhibió. Hizo esfuerzos por ordenar sus ideas para plantear sus dudas, pero cuando apenas lo intentaba la empleada le detuvo en seco: “A ver, concretamente dígame lo que se le ofrece. Tengo mucho trabajo”…
“Es que me dijeron que viniera a hacerme un electrocardiograma, pero no sé dónde es”, atinó a contestar con voz temblorosa…
“Es ahí enfrente. Toque la puerta y espere a que la llamen”, ordenó molesta la recepcionista ya sin siquiera voltear a ver a su interlocutora. Regresó a la plática con su compañera mientras la confundida ancianita seguía en busca de ayuda…
Paradójicamente, a un lado de la ventanilla de atención al público, figura sobre la pared un escrito en el que se enumeran los derechos y obligaciones del paciente. Entre los primeros hay dos que llaman la atención : “derecho a recibir un trato justo ” y “derecho a ser informado suficiente y oportunamente”…
Existen pero no existen. Ahí están pero como si no estuvieran…
En vez de darles cumplimiento, la empleada prefirió elaborar a mano un escrito que colocó en el cristal: “Electrocardiogramas enfrente”…
No quiso arriesgarse a otra “interrupción”…
Es innegable: durante los últimos años el IMSS ha mejorado en la prestación de sus servicios. Es más eficiente. Del IMSS de hace 10 años al de ahora hay un mar de diferencia. Existen sin embargo dos grandes pendientes. Uno lo constituyen sus pobres y deprimentes instalaciones. El otro es la insensibilidad en el trato por una gran parte del personal, especialmente de los trabajadores administrativos…
Referencia contundente de ello son las recepcionistas del turno matutino del cuatro de julio en la sala de urgencias…
Hay dos áreas del servicio público al que las personas acuden por necesidad, por obligación: las instancias de justicia y los hospitales..
Quien llega a una agencia del Ministerio Público, un Juzgado o un hospital, va obligado. Busca ayuda, soluciones. Lo menos que desea son malos tratos, intimidaciones…
Eso, sin embargo, parecen no entenderlo muchos servidores públicos. Alguien tiene que sensibilizarlos…
ASÍ ANDAN LAS COSAS
roger_rogelio@hotmail.com