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Visión Empresarial

“Democracia Disfuncional”

EL 5INCO / Jorge Pensado Robles / 02-07-12 / 5:07 am

Por más que intenten los Consejeros Electorales Federales convencernos que no habrá fraude, que están blindados, que serán unas elecciones transparentes de sobra sabemos que eso no es cierto.

El fraude se da antes, al comprar credenciales, cooptar o condicionar el voto, al orientar los medios de comunicación sus comentarios y noticias a favor o en contra de candidato o partido alguno, al pagar con dinero público estructuras políticas y el día de las elecciones se da fuera de las casillas de votación, con el ampliamente señalado carrusel, tamaleo, acarreo, entrega de despensas y el pago en efectivo por voto comprobado.

Esta operación se da en las Casas Amigas, y lo hacen posible los modulares y seccionales a través de los “Empates”, quienes son los que les proveen de lo que se requiera: taxis, microbuses, material para repartir, despensas, refrescos, dinero y todo lo necesario para llevar a cabo la encomienda.

Por igual, los medios de comunicación y el IFE se empeñan en comprobarnos que sus tiempos en minutos fueron iguales para cada candidato, pero no hablan ni mencionan la calidad de este tiempo, no hablan ni dan cuenta de lo que trasmitieron.

El caso más patético es el de Milenio, que tras tener acostumbrado a su auditorio a ser imparciales y críticos, el giro marcadamente a favor de Peña Nieto,— por ambiciones económicas de su propietario— de todos sus comentaristas les ha ganado la crítica de los televidentes, al grado y producto de ello que a Carlos Marín le recriminaron un grupo de acalorados militantes del PRD su abierta parcialidad, queriendo ahora venderlo la televisión como mártir de la libertad de expresión y el periodismo cuando no le tocaron un pelo, en tanto son muchos otros comunicadores a los que asesinan por hacer su trabajo.

Ningún político o Consejero del IFE ha hablado públicamente de ello, ningún Partido Político ha expresado su inconformidad por esto que es de todos conocidos, ya que son las reglas que ellos mismos implementaron, son los acuerdos a los que llegaron para entre ellos mismos acomodar y repartir su parte del pastel político que les toca.

Los mexicanos queremos creer en la democracia, pero ésta es una democracia disfuncional producto de un sistema político corrupto, que sólo valida o pretende validar ante la opinión pública mundial a un sistema político que sólo vela por el interés de los grupos económicos y políticos que gobiernan el país, los mexicanos sólo somos peones de un juego político que año tras año empantana aún más las posibilidades de construir el país en el que todos quisiéramos vivir.

Independientemente del resultado de las elecciones de este domingo, México no cambiará, no se hará más democrático o habrá menos pobres. La desigualdad crecerá y por más compromisos que hubiera hecho el candidato ganador en tanto no se cambien las reglas del juego, mientras no se den los equilibrios necesarios para limitar el poder, México no cambiará, por el contrario la pobreza crecerá, habrá más delincuencia y la falta de oportunidades seguirá expulsando a los buenos mexicanos del país.

México no cambiará, no se transformará en tanto los buenos ciudadanos que somos los más no nos involucremos, no nos comprometamos.

México no cambiará si nosotros no cambiamos, si no aprendemos a exigir a nuestros políticos resultados y rendición de cuentas.

México no cambiará si el criterio para elegir a un candidato es que esté guapo o hable bien o tenga una novia o esposa artista.

México no cambiará si entre todos no hacemos que los políticos sirvan al pueblo.

México no cambiará si nosotros no queremos cambiar y cada año serán más los pobres y más los que vivan en cotos o reservas con bardas más altas y medidas de seguridad más sofisticadas.

México vive en una espiral contra el tiempo, que inevitablemente pronto nos alcanzará, la desigualdad, la pobreza, la falta de oportunidades obligará a los que nada tienen a buscar con violencia lo que por las buenas el “sistema” no les pudo o quiso dar.

La desigualdad es la cimiente más poderosa para que políticos oportunistas manejen al pueblo en contra del pueblo.

Y nunca olvidemos que el populismo que implementó Echeverría a México le costó 30 años dejarlo atrás y generó 50 millones de pobres.

Así que este domingo lo queramos o no, México inicia un nuevo ciclo político sea quien sea el ganador, ya que el contraste entre los candidatos es ampliamente marcado y cada uno es absolutamente diferente al presidente Calderón, sin embargo, nada cambiará si nosotros no hacemos que las cosas cambien.

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Por más que intenten los Consejeros Electorales Federales convencernos que no habrá fraude, que están blindados, que serán unas elecciones transparentes de sobra sabemos que eso no es cierto.

El fraude se da antes, al comprar credenciales, cooptar o condicionar el voto, al orientar los medios de comunicación sus comentarios y noticias a favor o en contra de candidato o partido alguno, al pagar con dinero público estructuras políticas y el día de las elecciones se da fuera de las casillas de votación, con el ampliamente señalado carrusel, tamaleo, acarreo, entrega de despensas y el pago en efectivo por voto comprobado.

Esta operación se da en las Casas Amigas, y lo hacen posible los modulares y seccionales a través de los “Empates”, quienes son los que les proveen de lo que se requiera: taxis, microbuses, material para repartir, despensas, refrescos, dinero y todo lo necesario para llevar a cabo la encomienda.

Por igual, los medios de comunicación y el IFE se empeñan en comprobarnos que sus tiempos en minutos fueron iguales para cada candidato, pero no hablan ni mencionan la calidad de este tiempo, no hablan ni dan cuenta de lo que trasmitieron.

El caso más patético es el de Milenio, que tras tener acostumbrado a su auditorio a ser imparciales y críticos, el giro marcadamente a favor de Peña Nieto,— por ambiciones económicas de su propietario— de todos sus comentaristas les ha ganado la crítica de los televidentes, al grado y producto de ello que a Carlos Marín le recriminaron un grupo de acalorados militantes del PRD su abierta parcialidad, queriendo ahora venderlo la televisión como mártir de la libertad de expresión y el periodismo cuando no le tocaron un pelo, en tanto son muchos otros comunicadores a los que asesinan por hacer su trabajo.

Ningún político o Consejero del IFE ha hablado públicamente de ello, ningún Partido Político ha expresado su inconformidad por esto que es de todos conocidos, ya que son las reglas que ellos mismos implementaron, son los acuerdos a los que llegaron para entre ellos mismos acomodar y repartir su parte del pastel político que les toca.

Los mexicanos queremos creer en la democracia, pero ésta es una democracia disfuncional producto de un sistema político corrupto, que sólo valida o pretende validar ante la opinión pública mundial a un sistema político que sólo vela por el interés de los grupos económicos y políticos que gobiernan el país, los mexicanos sólo somos peones de un juego político que año tras año empantana aún más las posibilidades de construir el país en el que todos quisiéramos vivir.

Independientemente del resultado de las elecciones de este domingo, México no cambiará, no se hará más democrático o habrá menos pobres. La desigualdad crecerá y por más compromisos que hubiera hecho el candidato ganador en tanto no se cambien las reglas del juego, mientras no se den los equilibrios necesarios para limitar el poder, México no cambiará, por el contrario la pobreza crecerá, habrá más delincuencia y la falta de oportunidades seguirá expulsando a los buenos mexicanos del país.

México no cambiará, no se transformará en tanto los buenos ciudadanos que somos los más no nos involucremos, no nos comprometamos.

México no cambiará si nosotros no cambiamos, si no aprendemos a exigir a nuestros políticos resultados y rendición de cuentas.

México no cambiará si el criterio para elegir a un candidato es que esté guapo o hable bien o tenga una novia o esposa artista.

México no cambiará si entre todos no hacemos que los políticos sirvan al pueblo.

México no cambiará si nosotros no queremos cambiar y cada año serán más los pobres y más los que vivan en cotos o reservas con bardas más altas y medidas de seguridad más sofisticadas.

México vive en una espiral contra el tiempo, que inevitablemente pronto nos alcanzará, la desigualdad, la pobreza, la falta de oportunidades obligará a los que nada tienen a buscar con violencia lo que por las buenas el “sistema” no les pudo o quiso dar.

La desigualdad es la cimiente más poderosa para que políticos oportunistas manejen al pueblo en contra del pueblo.

Y nunca olvidemos que el populismo que implementó Echeverría a México le costó 30 años dejarlo atrás y generó 50 millones de pobres.

Así que este domingo lo queramos o no, México inicia un nuevo ciclo político sea quien sea el ganador, ya que el contraste entre los candidatos es ampliamente marcado y cada uno es absolutamente diferente al presidente Calderón, sin embargo, nada cambiará si nosotros no hacemos que las cosas cambien.